El cordobés del pecho inflado

El cordobés del pecho inflado

Un cordobés que jugaba con el pecho inflado, un defensor que despertó la admiración de propios y extraños, un hombre sencillo del interior del interior que nos hizo golpear el pecho de orgullo en tierras aztecas.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento.
Todo es mentira, mentira es el lamento.
¡Hoy está solo mi corazón!

Alfredo Le Pera / Carlos Gardel

 

Busco en mi archivo personal algunas crónicas periodísticas que me permitan  reconstruir la historia  de uno mis héroes futboleros de México 86’. En una tapa de la revista Humor redescubro la génesis de una campaña propagandística que tenía  como protagonista al mismísimo José Luis Cuciuffo. Bien vale recordar que en 1981 desde la sección deportiva, donde Walter Closs tenía la jefatura y escribían Oscar Caram, Osvaldo Soriano,  Alejandro Dolina y Juan Sasturain, entre otros, se gestó una recordada y muy divertida apología  en tono humorístico a favor del defensor cordobés.

 

La fonética del apellido “cuchufo” les causaba gracia a los muchachos de Humor y a partir de eso en la revista lo tomaron como el “jugador a seguir”. Además lo “adoptaron y le compraron el pase” y escribían por entonces: “Cuciuffo es el bastión, mariscal baluarte, muralla, pared, fortaleza, paredón y después- sigue siendo figura. El Mundial 1982 está muy cerca y debe definirse la situación y darle participación al “cuciuffismo”, Passarella sigue siendo el candidato oficialista pero ¿puede desdeñarse el aporte de Cucho?

 

Cuatro años después la prédica fue constante y las páginas deportivas de Humor exigían al entrenador Carlos Bilardo la convocatoria del excelso defensor del Fortín de Liniers.

 

¿No variará de enfoque la ceguera oficial? ¿Seguiremos con Passarella o con algún otro flaquito travieso hasta el Mundial 86’? La selección está por salir de gira. En esa delegación hay un vacío imposible de llenar, hay un hueco que está pidiendo ser cubierto. La camiseta Nº6 tendrá otras espaldas, otros dorsales las ocuparán, otra transpiración la mojará, otro dueño la cambiará por algún gallego. Luchar contra una pared que representa Passarella es muy difícil. No importa. Escupiremos nuestra bronca y codo a codo con Cucciuffo le diremos a César Luis: “Dame otra oportunidad”.

 

Pasó el tiempo y Cuciuffo fue llamado a la selección nacional  por el Doctor Bilardo. Jugó 21 partidos, entre los cuales están los 6 de titular en el Mundial de México de 1986.

 

El jugador fetiche de una emblemática revista de gran circulación en los años ochenta, finalmente  llegó a ser campeón mundial.

Aquel cordobés del pecho inflado, humilde zaguero velezano que anuló a cuanto rival mundialista se antepuso en su camino, encontró la muerte un 11 de diciembre de 2004 cuando la carabina que utilizaba para cazar se disparó accidentalmente. El proyectil ingresó por el abdomen, destruyó el hígado y se alojó en la aorta, provocando gravísimas lesiones.

 

Cuciuffo conducía una Chevrolet Blazer y pisó una vizcachera que alteró la estabilidad del vehículo. En ese momento, su carabina calibre 22, que estaba apoyada en el piso con el caño hacia arriba, se disparó, de acuerdo con la declaración a la policía del acompañante, Francisco Beltramo, amigo de Cuchu. Mientras era trasladado al hospital, a 100 kilómetros del lugar del accidente, dejó de existir.

 

Los más acérrimos simpatizantes del fútbol del interior del interior de la provincia de Córdoba atesoran en su memoria el regreso triunfal al pago chico de su gladiador mundialista. Barrio San Martín, barrio La France eran una fiesta. Claudio Beridían, amigo personal de Cuchu, emocionado, recordó: “Nos agolpamos cerca de su casa paterna y había una cola de más de una cuadra y media para recibirlo con todos los honores. Y él tenía la misma simpleza y humildad con toda la gente del barrio. Nunca la careteó, no se la creyó. Era un tipazo. Era buena gente”. Y ese “era buena gente” se transforma en un eco infinito, ya que es la frase primaria que utilizan al recordarlo.

 

José Luis Cuciuffo comenzó su carrera en un muy humilde Huracán  cordobés del barrio Le France, vistió los colores de Talleres, Chaco For Ever, Vélez, Boca, el Nimes francés y se retiró en 1993 en Belgrano de Córdoba.

 

Aquí en esta sencilla columna futbolera humilde, a 15 años de su muerte,  homenaje para uno de mis héroes de México 86. Un cordobés que supo ser como lo habían presagiado los periodistas de  la revista Humor: bastión, mariscal baluarte, muralla, pared, fortaleza, paredón.

 

Un cordobés que jugaba con el pecho inflado, un defensor que despertó la admiración de propios y extraños, un hombre sencillo del interior del interior que nos hizo golpear el pecho de orgullo en tierras aztecas.

 

Cuciuffo murió un 11 de diciembre, Día Nacional del Tango, por tanto bien vale escribir y aseverar  que Cucho vistiendo la camiseta celeste y blanca también fue Gardel.

 

Mario Giannotti

 

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