Por donde raspaba Giunta, no volvía a crecer el pasto

Por donde raspaba Giunta, no volvía a crecer el pasto

Su apellido es sinónimo de coraje, de valentía, de arremetedora prepotencia contra el fantasista rival. Releyendo la historia de Atila, impiadoso guerrero, denominado el Rey de los Hunos, me atrevo y escribo que Blas Armando Giunta, protagonista de lujo de esta humilde columna, fue en la verde gramilla el Rey de los Cincos.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

“Después, inflexible, el olvido irá carcomiendo la historia;

y aquellos que nos han querido

restaurarán nuestra memoria a su gusto y a su medida

con recuerdos de sus vidas”.

 

Joan Manuel Serrat

 

Dice la leyenda que aquel cruento líder tribal de los años 400 antes de Cristo, a quien también llamaban el Azote de Dios, alzaba su furia y victorioso declamaba: “Yo soy el martillo del mundo, donde mi caballo pisa no vuelve a  crecer  la hierba”. Algunos cuestionables y muy osados historiadores, van más allá  y ponen en boca del conquistador un grito de guerra, una declaración de principios, una bravuconada que los pinta a ambos de cuerpo y alma. Fanáticos exclaman: ¡Por donde pasaba Atila no volvía a crecer el pasto, por donde raspaba  Giunta, tampoco!

 

Blas Armado Giunta, bravío centrocampista criollo, cuervo de nacimiento, bostero por adopción, nació un 6 de septiembre de 1963. Algunos hinchunes de Aldosivi recuerdan su paso como asesor técnico del querido Roberto Piojo Oliver en la fatídica temporada 99/2000. Los simpatizantes de San Lorenzo, en tanto, lo sentimos un hijo prodigo y recordamos su gloria en tiempo de Camboyanos. Atesoramos en un rinconcito de nuestro corazón futbolero sus  milagrosos goles, su pasional festejo aferrado al alambre olímpico, soñando un título esquivo, apretujando los puños, exultante, grito de gol que retumbaba en Boedo.

 

El pibe formado en las divisiones menores azulgranas tenía además la difícil responsabilidad de reemplazar a un ídolo del club, el Gallego Rubén Darío Insúa. Melena al viento se convirtió, partido tras partido, en una especie de superhéroe cuervo que enfrentaba a puro huevo a cuanto rival se opusiera en su camino.

Recuerdo con especial simpatía aquel gol de cabeza del 21 de diciembre de 1986 ante Temperley. La conquista le valió ser tapa de mi amada revista El Gráfico. Aún perdura en mi memoria su grito en tinta y papel y el título a todo color: “Asombrosa campaña de San Lorenzo”.

 

Temo ahondar la grieta entre cuervos y xeneises, pero el archivo periodístico me conduce a un Blas Giunta goleador ante River y un festejo alocado besándose la casaca del CASLA.

 

Cierto es, y me duele admitirlo, que tras su periplo futbolístico en San Lorenzo y en el Real Murcia de España, llegó a Boca para consagrarse como uno de los ídolos más respetados de su historia. Al Giunta, Giunta, Giunta le sobreviene un clamoroso huevo, huevo huevo.  La doce inmortalizó un grito de guerra y su conquistador no midió nunca la virulencia en el brutal encontronazo ante sus ocasionales adversarios.

Blas vistió los colores de San Lorenzo, Cipoletti, Platense, Murcia, Boca, en dos oportunidades, del Toluca mexicano, el Ourense español y Defensores de Belgrano, club en el cual puso fin a su carrera como futbolista profesional en 1999. Vale recordar que integró el plantel argentino que conquistó en 1991 la Copa América en Chile.

 

Indudablemente, Blas Armado Giunta, fue en los años ochenta y en los inicios de los noventa,  el patrón  de la mitad de la cancha xeneise, reitero, cuervo de nacimiento, bostero por adopción.

 

Recordando al conquistador Atila, el Rey de los Hunos, ratifico sin temor a equivocarme que Blas Giunta fue en la verde gramilla el Rey de los Cincos, un guapo que por donde raspaba, no volvía a crecer el pasto.

 

Mario Giannotti

 

Comentarios de los lectores

  1. Bruno dice:

    Muy buena columna dedicada, segun lo que me contaron mi padre y los archivos viejos, al mejor 5 de la historia de Boca.
    Creo que no se va a volver a ver un blas giunta.

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