7 de junio día del periodista: Por sobre todas las cosas, trabajadores de prensa

7 de junio día del periodista: Por sobre todas las cosas, trabajadores de prensa

Para homenajear a mis colegas periodistas elijo tan solo un gratísimo puñado de recuerdos e intento no caer en frases, argumentos, ni reflexiones manidas que presagian una decena de aseveraciones harto conocidas.

viernes, 7 de junio de 2019

 a la memoria del Negro Jorge García Merlo

 

Una vez más arremeto contra el pobre teclado de mi computadora procurando una crónica al menos respetable. Repaso en mi memoria algunos nombres y algunos gestos que despertaron mi vocación profesional. Indefectiblemente aparecen en primer término figuras entrañables: Héctor Larrea, Antonio Carrizo, Juan Carlos Mareco, Jorge Guinzburg  y por supuesto, Víctor Hugo Morales. 

 

Víctor Hugo fundó mi país de la radio y con él no sólo me conformé con escuchar, además aprendí a valorar el sentido educativo del medio. Víctor Hugo estableció nuevas pautas estéticas, marcó un rumbo diferente, mostró con buenos ejemplos “que ser periodista es menos que nada si la profesión no sirve para elevar el nivel cultural de las personas, que ser periodista es menos que nada si la profesión no despierta constantes desafíos intelectuales.”

 

Sin lugar a dudas, aquellas maratónicas transmisiones futboleras de la radio en los años 80´ construyeron en mí una pasión que me desborda, un afecto incondicional por los medios. Pegado a la radio descubrí a un personaje irrepetible, un tipo cuya voz me transportaba a las glamorosas noches sabatinas del Luna Park. Horacio García Blanco fue un maestro a la distancia de quien también aprendí a sobrellevar los disgustos, las desilusiones y los fracasos que genera este oficio. Horacio fue un hombre sencillo, un apasionado, un periodista que nunca claudicó ante la imbecilidad de los nuevos zares de los medios, propensos a elogiar y enaltecer  la estupidez humana y a despreciar a los hombres de prensa que poseen opinión propia y hacen gala de estoicos renunciamientos por sostener sus ideales.

                                                    Jorge García Merlo

Mis superhéroes radiofónicos volaban por el éter hasta un paisaje pletórico de belleza que traspasaba todas las fronteras de la imaginación. Esa auténtica ficción a la distancia era mucho más bella de lo que uno podía suponer y sus protagonistas  figuras estelares tan admiradas como inalcanzables. Siempre recuerdo con mucho cariño la primera vez que pude dialogar cara a cara con uno de ellos. El primero fue Juan Carlos Morales. Él me contaba no sé qué cosa sobre la formación profesional de un periodista y yo sentía que la radio, que mi vieja Noblex Carina, me hablaba solo a mí, sentía que la radio me miraba a los ojos y me invitaba a transitar un maravilloso camino profesional.

 

Para homenajear a mis colegas periodistas elijo tan solo un gratísimo puñado de recuerdos e intento no caer en frases, argumentos,  ni reflexiones manidas que presagian una decena de aseveraciones harto conocidas. Hoy escribo con el corazón y las emociones me atraviesan el pecho sin más aspiraciones que las de rememorar a unos queribles fulanos que ejercieron y ejercen el periodismo.

 

Ahora llega a mi memoria una desopilante conversación entre dos protagonistas de la radio, dos gigantes que quiero y admiro.  En ciertas ocasiones los planetas suelen alinearse y dos seres únicos, dos auténticos maestros, Mario Trucco y Alejandro Apo, conversaron amablemente en un programa del cual yo era el humilde conductor. Periodismo a corazón abierto y emociones a flor de piel. Por supuesto, todo con afecto.

 

Reitero, en esta extraña columna periodística deseo tan solo destacar y reconocer los nombres de quienes forjaron, entre tantos otros,  mi vocación profesional. Osvaldo Soriano, Rodolfo Walsh, Osvaldo Ardizzone, Juvenal, también forman parte de esta nómina de formadores. Más acá, tan cercanos en el apego personal como en la distancia, pienso en el Ruso Jorge Jaskilioff a quien le estaré eternamente agradecido por haberme convencido para volver a trabajar en la radio, por brindarme la posibilidad de reencontrarme con mi pasión vocacional.

 

Sumo también al inmenso Cholo Ciano, un hombre de barrio, popular, honesto, un ser humano que supo construir un puente de comunicación inalterable entre su tarea periodística y la gente de la ciudad.

 

                                                              Marcelo Sanjurjo-Mario Truco-Mario Gianotti

Escribo y vienen a mi cabeza los sabios y sanos consejos de uno de los mejores profesores  que tuve durante mi etapa de estudiante en Deportea. Un talentoso y noble profesional que en cada clase, sin alardear jamás de su condición docente ni de su trayectoria personal, nos hablaba sin eufemismos sobre los avatares del trabajo periodístico en Mar del Plata. El Flaco Oscar Ortiz ocupa un lugar de privilegio entre los colegas que me formaron. Un preguntón de la gráfica que sabía comunicar que por encima del pretendido glamour que ostentaba el oficio en los nefastos años 90´, nunca debíamos olvidar que somos y seremos humildes trabajadores de prensa. Mi agradecimiento también para Ernesto Iche, Juan Carlos Bufarini y Gustavo Visciarelli.   

 

Para el cierre una dedicatoria especial para otro de esos laburantes sin descanso, otro inigualable habitante de las redacciones, un colega que enseñaba desde el ejemplo, un tipazo, uno de esos periodistas que ponían desde el intelecto hasta el afecto para construir maravillosos grupos de trabajo. En “La Redacción”, el Negro Jorge García Merlo hacia puro periodismo, periodismo puro,  en tanto quienes tuvimos la fortuna de trabajar con el aprendimos a su lado que ser buen periodista también debe ser sinónimo de buena gente, de buena leche.

 

Ahora releo y reescribo una humilde reflexión que me permitió describir el alma de mi amigo Carlos Cachacho Pascual, otro obrero de la prensa, a destajo, a sol y sombra, contra viento y marea. En ella mi reconocimiento para todos los periodistas que se juegan la piel y el pellejo en pos de una sociedad más justa e igualitaria.

                                                     Jorge García Merlo – Javier Teti – Rubén Muñoz

 

Ellos son imprescindibles, ellos no aparecen en las portadas de los grandes medios, no son fotografiados sonrientes y bien vestidos en las páginas de las coquetas revistas del sistema, no asisten a los agasajos pagos ni son reporteados por los bufones del poder. Ellos han elegido transitar un camino que los mantiene distante de los oropeles  y de los fingidos reconocimientos, han optado desandar el camino de la verdad, que sin lugar a dudas es el más penoso, el más largo, el más hostil,  pero es el más seguro.

 

Ellos dan batallas conscientes de la opulencia del enemigo.  Blanden espadas con los poderosos, caen, vuelven a caer y dignos se piensan inmortales para erguirse vencedores. Ellos, los políticamente incorrectos, los trasgresores, los molestos, los que incomodan, la pesadilla de los que pretenden arrebatarnos los sueños, ellos los que  sobreviven estoicos en el corazón de los más humildes, en la razón de los desprotegidos, en el alma de quienes creen que es posible una sociedad más justa y solidaria.  A ellos los sentimos, siempre, seres cercanos, compañeros. Como dijo alguna vez Ernesto Che Guevara: No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante”.

 

Pues entonces muy feliz día para todos los periodistas que son capaces de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo.

 

 Mario Giannotti

 

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