Rubén Giménez: sencillez y coraje, imaginación y trabajo

Rubén Giménez: sencillez y coraje, imaginación y trabajo

Estas líneas desean revalorizar la tarea profesional y los valores humanos de Rubén Giménez, un entrenador que pudo a través de sus equipos ganarse el reconocimiento de los simpatizantes del fútbol marplatense. Un técnico que construyó su imperio futbolero desde el talento y el virtuosismo de sus jugadores.

viernes, 22 de mayo de 2020

“El fútbol necesita tanto de la imaginación como de la corrección. En la actualidad  lo primero que le arrebatan al jugador es el placer de jugar”.

Ángel Cappa

 

De pibito, en San Cayetano, se soñaba un implacable goleador. Siempre tenía el arco rival entre ceja y ceja. Probó suerte como futbolista pero la diosa fortuna y algunas malas decisiones de un entrenador de inferiores lo sacaron momentáneamente de una cancha. La pasión a pesar de todo permaneció intacta y años después pudo redimir su pena y logró transformarse en uno de los directores técnicos más respetados de la ciudad.

 

A los dieciséis años de edad su papá le compró una peluquería que le permitió desarrollar profesionalmente una actividad que amaba. Aquel joven peluquero que rasuraba las desprolijas melenas de los habitantes de su pueblo, infaltable turista en las temporadas veraniegas de Mar del Plata, planificó cuidadosamente su desembarco a la ciudad en 1968. Siempre anheló ser un marplatense más, vivir en la ciudad que le era cercana desde el afecto, una lugar en el mundo que lo invitaba a transitar el maravilloso camino de sus sueños juveniles.

 

El nueve que no pudo gritar goles en primera, corrió detrás de una pelota en los torneos comerciales hasta que la fractura de un tobillo lo obligó a convertirse en el entrenador del equipo. En 1975 Alberto Ledantes fue su compinche, su socio, y juntos tras alejarse de “Talleres Córdoba”, dieron vida a la legendaria Tijera Loca, una  leyenda inmaculada de los campeonatos amateurs, un equipo que ganó casi todo lo que jugó, y que en 1994, gracias a la propuesta del incansable y muy combativo dirigente Rubén Papagni, se erigió en la génesis futbolística del ascenso de Huracán en el torneo liguista. Los “viejitos” del jerarquizado torneo comercial  fueron los mejores y se ganaron el derecho de representar al club de la avenida Colón en primera. A partir de allí su amigo Carlos García lo convenció, previa  intermediación de su mujer María Cristina, para que comenzara el curso de entrenador.

Releo mi archivo periodístico y apunto su impecable trayectoria deportiva. En 1995 mantuvo la categoría con el Globo, un año después conquistó  el título en primera con su amado San Lorenzo, club del cual se hizo hincha ni bien se radicó en  Mar del Plata. En 1998 batacazo histórico y clasificación al Torneo Argentino con Alvarado en un inolvidable triangular jugado en el Minella ante el Pata Negra y el cuco del torneo: el Atlético Mar del Plata gerenciado, entre otros, por Oscar Alfredo Ruggeri.

 

En 1999 su Banfield dejó en el camino al Decano, al Torito del ex barrio Mataderos y al Santo y con un invicto irreprochable se metió en el regional. Compañón en el Argentino con el Taladro, para muchos uno de los mejores equipos marplatenses en los albores del nuevo siglo. San Lorenzo otra vez en 2001 con pasaje al campeonato del interior. Dos años después reencuentro con el Verdiblanco portuense y en 2004 acto final y retiro definitivo en Rivadavia de Necochea.

 

Deseo recordar que en los inicios de su carrera el planeta fútbol fue injustamente selectivo a la hora de ponderar los éxitos de un entrenador que había recorrido un camino diferente al que muchos consagrados supieron desandar. Algunos, los menos, menospreciaron su tarea y hablaban despectivamente del “equipo del Peluquero Giménez”, casi un cruel eufemismo para denostar su trabajo, su capacidad, era como una dolorosa e infame estrategia de desprestigio profesional y humano para un tipo que no había llegado desde las entrañas del vestuario, que no había jugado en la élite, pero que sabía y amaba al fútbol como uno más de aquellos.

 

Giménez fue un hombre común que siempre entendió que uno de los fundamentos para aprender era preguntar a sus colegas el por qué y el para qué de cada una de las propuestas tácticas y estratégicas ensayadas en las prácticas y en los partidos.

 

Elijo algunos nombres propios que formaron parte de sus planteles para describir puntillosamente sus principales cualidades personales y profesionales. Un entrenador muy respetuoso con sus jugadores, frontal, claro en sus conceptos, ferviente defensor de la pelota bien jugada, formador de excelentes grupos humanos, honesto intelectualmente dentro y fueras de una cancha.  Un director técnico que en la conformación de plantillas también les daba un lugar de privilegio a las buenas personas.

 

El Mago Jorge Valverde me destaca su sinceridad en el trato con los futbolistas, sus convicciones para que su equipo sea protagonista y trate bien el balón, su vocación por escuchar al otro, su personalidad amable y cordial.

 

Gustavo Gatti , en tanto, hace hincapié en la variedad y en la diversidad de trabajos que utilizaba en la puesta a punto de sus equipos, el compromiso grupal de sus dirigidos para sostener en el campo lo planificado en la semana, su innegociable tenencia de la pelota para atacar con muchos hombres el área rival, y por supuesto, su personalidad afable y sencilla.

Mi coterráneo, el balcarceño Antonio Ruberto,  rescata su capacidad para transmitir tranquilidad y optimismo en cada uno de sus futbolistas, su preferencia por los jugadores con buena técnica, su mirada puesta desde el minuto cero en el arco de enfrente sin descuidar su defensa y claro su don de buena gente, buena leche. Osvaldo Nartallo, por su parte, estima sus cualidades personales y lo considera, como director técnico en actividad, una de sus fuentes de consulta permanente.

 

Propongo aquí, junto al entrañable Gustavo Noto, un párrafo aparte para contar uno de los hitos futbolísticos de Rubén Giménez como DT de Alvarado. El 7 de junio de 1998 el Toro superó 4 a 0 a Atlético Mar de Plata en el marco del partido definitorio del triangular clasificatorio para el campeonato Argentino. Cabe señalar que el Decano, dirigido por el recordado Carlitos Montenegro, era el gran candidato al título dado que contaba en sus filas con jugadores que habían llegado desde el profesionalismo con la clara consigna de potenciar en la ciudad un proyecto que estaba en manos del consagrado Oscar Ruggeri, el Gallego Esteban González y el representante Marcelo Lombilla.

 

Charly Batista, Oscar Arévalo, Hugo Lamadrid, Claudio Cristofanelli, el Puma José Luis Rodríguez, la Rata Claudio Rodríguez y Claudio Nisiforo se sumaron a la nómina de jugadores locales de la institución de la calle Rivadavia.

 

“El mejor partido que yo jugué como futbolista lo hice con Rubén Giménez como entrenador y fue en el Minella contra el equipo que había armado Ruggeri.  Es más, para muchos hinchas de Alvarado ese 4 a 0 al Atlético Mar del Plata fue uno de los mejores partidos de la historia del club. La única camiseta que tengo como jugador de Alvarado es la número cinco que use ese día, todo un símbolo de lo que significó ese momento para mí”, me confiesa un emocionado Noto.

 

Aquella goleada fue la ratificación de una propuesta, de una idea, de una manera de sentir y pensar el juego, una consigna filosófica que nunca claudicó ni siquiera ante las  presiones dirigenciales que descreyeron del planteo táctico ideado por Giménez para afrontar la final. Tras los goles de Marcelo Marín, Guillito Trama, y el doble festejo de Hugo Galvarne, Rubén se alejó de Alvarado y en su lugar contrataron a la leyenda académica Agustín Mario Cejas. Como dato anecdótico reseño que el Alvarado de Rubén Giménez fue el primer campeón en el rebautizado estadio Mundialista. Vale recordar que por iniciativa del Maestro Mario Trucco el Concejo Deliberante del Partido de General Pueyrredón había aprobado por unanimidad su nueva denominación: Estadio José María Minella.

 

Rubén Giménez dixit: “La pelota no hay que tirarla  porque ahí la vas a perder”. “Yo sentí mucho placer por dirigir a todos los jugadores que dirigí, sería muy ingrato si nombro solo algunos”. “Mis equipos tenían una salida limpia, la pelota tiene que avanzar por sus líneas no por encima de las mismas”. “Siempre  pensé en el arco rival y ser protagonista, y no tuve  miedo a perder, porque en el fútbol hay mucho miedo a perder y el miedo genera más miedo, en una cancha o afuera de ella”.” Jugar bien  también es saber defenderse y creo que esto se puede hacer de manera inteligente”. “Miguel Brindisi y Oscar Ruggeri son dos tipazos, me enseñaron mucho, y siempre fueron muy generosos conmigo”.

Saber escuchar le permitió asimilar conceptos, rever y modificar  posiciones y posturas ideológicas primarias. Por tanto, los diferentes integrantes de sus cuerpos técnicos fueron decisivos en la consolidación de cada proyecto futbolístico. Rody Carrasco, Alejandro Sterponi, el Pollo Leguizamón y Marcos Conenna, entre otros, apuntalaron su crecimiento partido a partido, torneo a torneo.

 

Padre de Ariel y Rodrigo, abuelo de Tomás, Camila y Lucero, esposo de María Cristina, su ladera incondicional hace 51 años. Su compañera de vida, su sostén emocional cuando las cosas no salían, su socia ideal para reinventar sueños y para apostar por nuevas utopías. La infaltable camarógrafa de cada entrenamiento, de cada partido, la musa inspiradora que lo convenció que era necesario  comenzar el curso de entrenador, la fiel recolectora de cuanta nota periodística lo tuviera como protagonista.

 

Ojalá estas líneas puedan interpretar el alma de Rubén Giménez, un gran hombre, sencillo, honesto, trabajador, sincero. Ojala esta pretenciosa crónica deportiva pueda subrayar con creces la trayectoria de uno de los mejores entrenadores de la historia del fútbol marplatense. Un líder positivo, muy laborioso, un valiente director técnico que supo desde su pregón y sus logros ganarse el respeto de todos.

 

Un hombre del fútbol cuya premisa fundamental fue tratar bien la pelota, desterrando el miedo a perder, un entrenador que entendió desde el primer día que nunca hay que arrebatarle el placer de jugar a los futbolistas, y que la imaginación siempre es tan importante como la corrección. Un estratega que experimentó exitosamente que el fútbol es dinámica de lo pensado, para que lo impensado sea determinante y pueda fluir una y mil veces, como un bálsamo redentor, como una rosa blanca en medio de un desierto hostil.

 

Mario Giannotti

 

Comentarios de los lectores

  1. Antonio Ruberto dice:

    Te felicito Mario, lograste hacer una síntesis perfecta de lo que es Rubén cómo persona y técnico de fútbol

    • Jose.fermin dice:

      Gran entrenador y mejor persona, tuve la.suerte que me.dirijiera en banfiel 99, soy de necochea toto fermin, tengo el mejor.de los.recuerdos de ese grupo ,quien obvio formo ruben !!!! Abrazo y me alegro de este reconocimiento para vos ruben,.muy merecido!!! Abrazo y gracias por todo lo vivido por mi

      • Jorge Vidal dice:

        Excelente nota! Cuantos recuerdos me genera. He tenido la suerte de integrar sus planteles durante muchos años. Disfrute mucho jugando en sus equipos, porque su idea futbolística era la misma que yo sentía. Un grande. Como persona ni hablar.

    • Gustavo bedmar dice:

      Hermoso reconocimiento para un gran entrenador que mereció más y gran persona.Quedara siempre en el recuerdo de los que les gusta el buen fútbol.

    • Rogelio dice:

      CUÁNTO ME ALEGRO DE HABER LEIDO TANTAS VERDADES……SOS UN GRAN TIPO…TECNICO SERIO….Y SOBRETODO GRAN PERSONA…..SE QUE LA PASASTE MUY DIFICIL…PERO ESTAS SIEMPRE CON UNA SONRISA CORDIAL….Y LOS MEJORES CAFES QUE PREPARA CRISTINA…..UN PLACER DE HABER COMPARTIDO CON VOS…

  2. Eduardo Gabriel Salas "El turco" dice:

    Una síntesis hermosa sobre mi amigo Rubén Giménez y su compañera Cristina. Con 70 todavía integró el plantel de este grupo increíble que se armó bajo su mirada. Abrazo enorme

  3. Jorge Marzoratti dice:

    Excelente comentario. Lo pinta tal cual es y doy gracias por su amistad.

  4. Oscar Erro dice:

    Maestro en el fútbol y en la vida,compañero incondicional,exelente amigo que dio todo lo que podía dar y más.Siempre en mi recuerdo y en mi corazón por haber tenido el privilegio de ser uno de los jugadores en tus comienzos.El Gallego de la querida Tijera Loca,donde nacieron tus sueños.

  5. Carlos García dice:

    Cuando veía cuanta pasión y dedicación Rubén y Cristina ponían rn su equipo, no tuve ninguna duda que estaban para cosas mayores, y así fue. Lamento mucho que por una u otra razón no hayan podido continuar en el camino emprendido en aquellos duros años. Pero sin duda, su legado es extraordinario.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *