El hombre común es una estrella azul

El hombre común es una estrella azul

La historia de Carlos Canale, un hombre común, un presidente sencillo, un abanderado de las mejores utopías, un soñador que siempre se jugó entero por su camiseta. Un laburante, un alma noble que tras su muerte supo ganarse un lugar de privilegio en el cielo de los imprescindibles.

jueves, 6 de febrero de 2020

Mi admirado Mario Trucco sintetizó con notable maestría en una de las páginas  del diario La Mañana la algarabía de los simpatizantes de una populosa institución barrial que conquistaba en 1952 un anhelado campeonato liguista de fútbol. Once estrellas azules dispersas sobre la imagen de la cancha, con los rostros de los futbolistas, enmarcaban una mítica frase que aún perdura en los corazones de los más antiguos hinchunes del Club Atlético Nación. “Las estrellas son azules”.

 

La genialidad periodística de Mario me permitió transitar desde el afecto las primeras líneas de una bella historia ligada indefectiblemente a los mejores momentos de los Bichitos Azules. La historia de Carlos Canale, un hombre común, un presidente sencillo, un abanderado de las mejores utopías, un soñador que siempre se jugó entero por su camiseta. Un laburante, un  alma noble que tras su muerte  supo ganarse un lugar de privilegio en el cielo de los imprescindibles. 

 

Marplatense nacido en el puerto. A los 17 años de edad ingresó a trabajar en el Casino Central. Ferviente militante en tiempos de difícil y pasional resistencia peronista.  Allí vivió sus días con entrañables compañeros que compartían con él un irrenunciable compromiso ideológico con las causas populares. En 1990, tras intensos periplos laborales, se afincó definitivamente en la ciudad  a tan sólo tres cuadras de la cancha del Club Nación. Pleno corazón de una barriada que cobijó sus sueños, su lugar en el mundo, su razón de ser junto a sus seres más preciados. Teresa, su esposa, sus hijos Marcelo, Joaquín,  Marcos, Martin y Piki, la consentida de la familia.

 

En los albores de 1993 Martin, arquero clase 1979, lo acercó como papá al club. Carlos y Teresa desempeñaron  junto a otros padres un intenso trabajo social en una institución, que como tantas otras, albergó en sus entrañas los primeros coletazos de una crisis social y económica que marcaría a fuego las desbastadas tesorerías de los  clubes barriales de Mar del Plata.   

 

En 2010 la muerte de Teresa y la jubilación como casinero lo aferraron definitivamente a la vida  dirigencial de Nación. El club fue sostén emocional y movilizador de nuevos desafíos. Asumió como secretario y seis años después fue erigido presidente.  Un hombre común llegaba a un lugar que nunca había imaginado. Fue un presidente que acercó nuevas voluntades, hombre y mujeres  deseosas de poner en valor un club centenario. Adriana Ardanaz  y Ricardo Gil fueron laderos incondicionales en su proyecto económico, social y deportivo.

 

Su corazón había soportado ya tres infartos, dos agudos en setiembre de 2019 y un primer ACV que presagió lo que ocurriría el fatídico  sábado 1 de febrero de 2020.  Por tanto, cuando en 2018 la gloria se vistió de azul, cuando su amado Nación se consagró, después de 66 años, campeón del torneo de la Liga Marplatense de fútbol, la pasión corrió vigorosa por su  torrente sanguíneo y el éxtasis futbolístico oficio como un excelso elixir que calmó y curó, al menos de manera transitoria, todas las heridas.

 

Carlos Canale, un hombre común, un presidente sencillo, se permitió festejar los 100 años de su club con un campeonato. Cumplió además un viejo anhelo personal y pudo obsequiarles una fiesta de agasajo a sus jugadores y al cuerpo técnico que comandaba Luis Machado.

En la semana se levantaba temprano, tomaba algunos mates y se iba presuroso al club. Los asiduos visitantes del  “Mario Della Torre”, propios y extraños, atesoran en sus retinas la figura de un presidente atípico, perfil bajo y  muy  trabajador, un hincha más entre tantos hinchas de los Bichitos Azules. Su figura permanece intacta en la parrilla para dar una mano a quien lo necesitara, en las gradas pintando la tribuna,  o pincel en mano coloreando el portón de ingreso.

 

Miraba los partidos solo,  no le gustaba que le comentaran lo que pasaba en la cancha. Conocía a todos y a cada uno de sus jugadores.  El pecho parecía explotarle de orgullo cada vez que su nieto Tomás formaba parte del primer equipo. Tomi, delantero clase 2000, había dejado su casa paterna en Monte Hermoso para jugar en Nación y cumplirle el sueño a su abuelo.  Se amaban profundamente y sus ojos se iluminaban cada vez que hablaba de él.

 

La familia decidió respetar un último deseo de Carlos y a la brevedad esparcirán sus cenizas en la cancha. “Yo no quiero que me lloren, quiero que sea una fiesta, que la gente venga y los acompañe, nos acompañe”, supo confesarle alguna vez a Piki,  su hija menor.

 

Para el cierre de estas líneas recordaba el final de uno de los cuentos más emocionantes del Negro Roberto Fontanarrosa. El viejo Casale, protagonista del mítico “19 de diciembre de 1971”, muere de un infarto cardiaco después de vivir en la popular  un triunfo inolvidable de su amando Rosario Central ante su clásico rival leproso.

 

El Negro escribe que aquel Canalla eligió la manera y la forma de partir luego de cumplir un último deseo. El querido Carlos Canale, acaso, decidió emular a su par centralista y tras el campeonato en primera en 2018,   después de festejar el cumpleaños de su hijo y de un amigo, luego de ganar en el  bingo y ser el vencedor en la tradicional mesa de póker de la que formaba parte, se abrazó a un imaginario alambre olímpico y se trepó tan alto que llegó a una estrella azul inhabitada.

 

Hace algunos días un puñado de duendes futboleros aseveran que por las noches una brisa cálida brota de los túneles que desembocan en la gramilla del pintoresco estadio del Club Nación. Juran que un haz de luz emerge detrás del arco que da espalda a la avenida Champagnat y sigilosa ilumina el cemento de las gradas y las cabinas de transmisión.  Dicen que una ventisca que llega desde la calle Bahía Blanca sobrevuela los techos de la casas linderas y cuando la ciudad se duerme una nueva estrella azul explota fulgurante en el cielo.

 

En el barrio, las almas sensibles saben con certeza que un hombre común se convirtió en una estrella azul, como aquellas que diseño en 1952 el Maestro Mario Trucco en la página del diario La Mañana, una estrella más, con el rostro de Carlos Canale, un militante peronista, un casinero, orgulloso papá y abuelo, un laburante, buena gente, honesto, un presidente sencillo que a los 73 años de vida  se ganó su lugar en el cielo de los imprescindibles.  

 

Mario Giannotti

 

Comentarios de los lectores

  1. Cacho Arto dice:

    Carlitos querido. Siendo presidente de la comision de futbol te pedi que me dieras una mano en la comision. Por esas cosas de la vida me tuve que alejar de la tarea del club. En toda fiesta me lo reprochabas riendote. Fue para mejor. Fuistes el presidente que nos dio a los hinchas de Nacion despues de66 años el campeonato. Como llore en la cancha de River. Mi historia como jugador en las inferiores comenzo en el año 66. Gracias Carlitos.

  2. Nuestro compañero de mate un gran señor horas. Y horas de charla y anecdotas del club caseros del club nacion

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