Tomás Mantia: Un toro pelota al pie, torazo afuera de la cancha

Tomás Mantia: Un toro pelota al pie, torazo afuera de la cancha

Esta es la sencilla historia de un futbolista que se convirtió en leyenda azul y blanca de uno de clubes más populares de la Argentina. Una historia que trasciende los límites geográficos de una cancha

viernes, 5 de julio de 2019

“La lucha es de igual a igual
contra uno mismo
y eso es ganarla
no te pares, no te mates
solo es una forma más de demorarse”

                                     Adrián Abonizio

 

Aquella imagen aún perdura intacta en mi cabeza. Los futbolistas de Alvarado festejan en el campo de juego el triunfo ante Deportivo Madryn y exultantes aventuran la tan ansiada final por el segundo ascenso a la B Nacional. Una multitud acompaña acompasadamente desde las gradas del José María Minella el rito de los jugadores.

 

Sobre una de las paredes laterales de los palcos, una especie de antesala que permite el ingreso del equipo local a la cancha, observo que alguien apoyado sobre una muleta explota en llanto. Allí recordé una sabia definición del inmenso Roberto Fontanarrosa. El Negro tan rosarino y centralista como el protagonista principal de esta crónica, solía decir que “escribir sobre fútbol no es contar un partido, no es contar lo que pasa en la cancha, sino lo que está afuera, lo que lo rodea  y hace a la cancha”.

 

Tomás Mantia, excelso zaguero central del Torito del ex barrio Mataderos recibe el reconocimiento y el abrazo fraterno de sus pares, de los dirigentes y del inefable utilero Luis Ávila, quien orgulloso se jacta en ronda de amigos de haberle descubierto el nuevo puesto al zurdo marcapunta.

 

Esa maravillosa comunión de afecto entre los futbolistas que habían logrado en el campo un triunfo inobjetable y un compañero convaleciente de una operación en su rodilla derecha, me transporta a un lugar mágico donde la mística de grupo fortalece, sin lugar a dudas, las bondades técnicas, tácticas y estratégicas de un equipo que se sueña el mejor de todos.

El entrenador de Alvarado, Mauricio Giganti, había declarado en un reconocido medio gráfico sobre Tomás Mantia: “Tomi te da un inicio de jugada increíble, y en función a estas características trabajamos varias rutas de juego. Nos da salida clara, fue una apuesta arriesgada y salió muy buen porque tiene unas condiciones extraordinarias. Yo estoy muy feliz con su rendimiento”.

 

Cabe recordar que Mantia, tras un excelente desempeño futbolístico en el último semestre del torneo, sufrió a principio de año una lesión en el partido de vuelta frente a Deportivo Roca por Copa Argentina.

 

“A los 15 minutos del primer tiempo sentí que la rodilla derecha se me metió para adentro y tuve que salir porque no podía caminar. Luego tras las consultas y los estudios médicos me dijeron que era una lesión del cartílago de la parte externa de la rodilla. No hacía falta operar, durante 45 días tendría que llevar adelante el proceso de recuperación para volver a trotar con normalidad. Las dos primeras semanas usaría muletas para poder movilizarme”.   

 

Acaso aquellas lágrimas no solo describían la pena, el dolor y la tristeza  de un futbolista que no pudo ser parte activa de un logro colectivo, aquellas lagrimas también reflejaban la inmensa alegría de quien se sabe parte de un proyecto deportivo y humano que transita los últimos peldaños de una empinada escalera que los conducirá a la gloria.

 

Alvarado había logrado con holgura la clasificación en la etapa zonal y se jugaba el ascenso en un muy difícil Pentagonal final, un petit certamen que determinaría el primer ascendido a la segunda categoría del fútbol argentino.  En las horas previas al cotejo con Estudiantes de Rio Cuarto, Tomás volvió a las prácticas y probó su rodilla en un partido de entrenamiento.

 

“El miércoles hicimos fútbol pero yo todavía sentía dolor, no podía trotar. La molestia se fue transformando en algo insoportable, así como estaba no podía ni siquiera ir al banco de suplentes. Me fui al vestuario, hablé con los médicos  y presagié con mucha desilusión que ahí empezaba el calvario. Calvario que solo entienden aquellos que sufrieron una lesión que te margina por varios meses de un equipo”.  

 

Volvió a su Rosario natal y fue operado exitosamente por el Doctor Fernando Bacci. La casa paterna fue abrigo para los primeros días postoperatorios. Con absoluta parsimonia los afectos sanaron las heridas del cuerpo y reacomodaron los dolores del alma. Sus padres, María Alejandra y Vicente, su hermano mayor Manuel y los amigos más cercanos, fueron un sostén indispensable para superar la etapa inicial de la rehabilitación.

 

“Recibí mucho afecto, Mis compañeros siempre se preocuparon por mí. El club, al cual le estaré siempre agradecido, se hizo cargo de la operación y Wenchy Méndez, su presidente, me acompañó y estuvo muy presente en esta durísima etapa de mi carrera. Ya dejé las muletas y creó que en septiembre volveré entrenar con normalidad. Ya no siento dolor, la rodilla está muy firme”.

 

Imagino que el Negro Fontanarrosa nunca me perdonaría que olvide en esta crónica periodística el pasado Canalla de Tomás Mantia. Su tránsito por las divisiones menores de su amado Rosario Central hasta su debut en la Reserva que dirigía el Flaco Hugo Galloni.

Luego este talentoso lateral, eximio zaguero central,  vistió los colores de Tiro Federal, fichó en  Defensores de Belgrano de Villa Ramallo, jugó en el pintoresco Pontelambrese del ascenso italiano hasta recalar por expreso pedido de Mauricio Giganti en Alvarado.

 

El tiempo que todo, o casi todo lo puede, le dio revancha y pudo saldar una vieja deuda futbolera de la cual se sentía íntimamente muy responsable. Él y Francisco Molina habían marrado sus penales en la definición del campeonato anterior en Ramallo.

 

“Martin Palissi, ex compañero, me llamó para felicitarme por el ascenso y me recordó mi cara en el micro cuando volvíamos después de quedar eliminados por Defensores de Belgrano”.

 

Vuelvo irremediablemente a aquella imagen que despertó en mí la imperiosa necesidad de reconocer la figura de Tomás Mantia. Esa maravillosa comunión de afecto entre los futbolistas que habían logrado en el campo un triunfo inobjetable y un compañero convaleciente de una operación en su rodilla derecha, me transportó a un lugar mágico donde la mística de grupo fortaleció, sin lugar a dudas, las bondades técnicas, tácticas y estratégicas de un equipo que se soñó  el mejor de todos.

 

Las lágrimas le lavan una vez más el rostro a Tomi Mantia y los afectos más cercanos, los indispensables, María Alejandra y  Vicente en Mar del Plata, Manuel y los amigos de la  infancia desde Rosario, lo abrazan, lo apretujan, lo contienen, le dibujan una sonrisa en el alma,  mientras una multitud acompaña acompasadamente desde las gradas del José María Minella el rito de los jugadores que festejan el ascenso.

 

Esta es la sencilla historia de un futbolista que se convirtió en leyenda azul y blanca de uno de clubes más populares de la Argentina. Una historia que trasciende los límites geográficos de una cancha. La historia de un  buen tipo, de un referente respetado por propios y extraños,  un futbolista  que fue parte de un grupo de hombres que estuvieron humana y deportivamente a la altura de las circunstancias. Un crack que en breve volverá a vestir la camiseta del Torito. Un héroe más para miles de almas nobles y humildes, para miles de hinchas que vivieron a corazón abierto el ascenso de su querido Alvarado.

 

Mario Giannotti

 

Comentarios de los lectores

  1. Gustavo Greco dice:

    Un crack, no sólo cómo jugador, sino como persona, un pibe que suma mucho en el plantel, ojalá pueda volver pronto, porque Alvarado lo necesita y el se merece este momento del club.

  2. Maria dice:

    Gracias Mario Giannotti

  3. Gracias es un ídolo más estamos muy orgullosos de nuestros jugadores no importa dónde termine su carrera siempre en Alvarado serán recordados por cumplir nuestro sueño de ver a nuestro amado clud en el Nacional B y vamos por más…

  4. Rasty loga dice:

    Excelente jugador, mejor persona! La dife te ama!

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