Hugo Carli: Un noble quijote fuera y dentro de la cancha

Hugo Carli: Un noble quijote fuera y dentro de la cancha

Parafraseando al querible Alejandro Apo diría que “yo a Hugo Carli no lo vi, pero lo vi”. Yo supe de su talento y de su avasallante personalidad dentro de un campo de juego gracias a las historias que me contaron otros destacados y muy respetados futboleros de la ciudad.

jueves, 30 de mayo de 2019

Yo nací en 1970, año en el cual el Flaco lograba el ascenso a la Primera B con el club de su barrio, Libertad. Aquellos que pudieron seguir de cerca su trayectoria deportiva, destacan su cabezazo letal en ambas áreas, su voz de mando, su juego prolijo, su disputas dialécticas con los árbitros, su  lectura desde la zaga para ordenar al equipo en la cancha, su lealtad para llevar a la práctica lo planificado en la semana, su irrenunciable pasión por el juego y su compromiso afectivo con cada uno de sus compañeros. 

 

Aquel pibito que se gastaba los championes en los potreros linderos a su casa paterna se transformó a puro talento en un referente obligado para los amantes de la historia futbolística marplatense de los años 70´. El Negro Contreras, tintorero de oficio, entrenador vocacional,  fue quien descubrió las cualidades de un espigado centrocampista que sobresalía en los picaditos que se jugaban en los baldíos de Tres Arroyos y 25 de Mayo, en Balcarce y Bahía Blanca y en el  barrio San Cayetano.

 

Tras un efímero paso por las divisiones menores de Libertad, en 1969 debutó en primera  jugando en la tercera categoría de la liga local, la llamada por entonces Segunda de Ascenso. Un año después logró el tituló que catapultó al Patrón del Monolito a Primera B. 

 

En 1973 los dirigentes de Mitre, con el ascenso consumado a la élite del fútbol de Mar del Plata,  posaron sus miradas en dos jugadores que se destacaban jornada tras jornada con la camiseta de Libertad. Allí de la mano del mítico entrenador rosarino  Román Nil Benítez, desembarcaron Hugo Carli y el Negro Ramón Baigorria a la entidad “patricia”. Con el dinero que obtuvo el club vendedor por la venta sus dos prometedoras figuras compró los terrenos traseros de su actual sede social.

 

Vale destacar que Benítez, talentoso mediocentro  de Tigre, Lanús, Olimpo y Villa Mitre de Bahía Blanca entre otros,  llegó a General Mitre de manera ocasional por una invitación de Néstor Petete González, quién lo convocó para que dirigiera tan  solo un partido frente a Alvarado, pero finalmente terminó al frente del equipo durante 14 años.

Carli admirador del flaco César Luis Menotti rescata las cualidades humanas y profesionales de Benítez.  “Román fue uno de los mejores entrenadores que tuve en mi carrera. El equipo se caracterizaba por jugar muy bien al fútbol, priorizaba jugar, tenía identidad, trasladaba al campo la idea del director técnico”.

 

El bigotón Hugo Carli fue bandera futbolística de Mitre hasta 1985. Luego fichó para Kimberley, vistió la camiseta del Alvarado, jugó en Colegiales, Nación y cerró su carrera en un muy buen equipo de Deportivo Camet en 1990.

 

“En 1977 jugué en Ferrocarril Sud de Tandil. Benítez me quiso cambiar la posición. Yo era 5 y él me quería de zaguero central. Me fastidié y me fui. Luego gracias a Oscar Arana, el papá del periodista Sebastián Arana, un gran dirigente de Mitre, vecino del barrio que tenía la Librería “San Román” en Luro entre 180 y 182,  me convenció para que vuelva al club. Lo hice y terminé destacándome como defensor”.

 

El Flaco Hugo Carli suele definirse como un jugador que se formó técnicamente en los potreros pero que supo adaptarse a las exigencias del campeonato liguista. Integró en varias ocasiones la Selección marplatense. Fue protagonista el 21 de mayo de 1978 del cotejo inaugural del Estadio Mundialista en el partido que disputaron los combinados de Mar del Plata y Tandil. “La Rojita” fue dirigida por el emblemático Juan Manuel Romay.

 

“Romay solía decir que teníamos que aprovechar el “cachón”, el espacio. El “Mazorquero” era un señor. Aprendí con él que en el fútbol hay que dejar siempre el espacio libre para poder atacar, para poder jugar”.

 

Alguna vez cuando era una promisoria figura en Libertad preguntaron por él desde México. Néstor González, en el apogeo de su carrera, le acercó varias propuestas para emigrar a equipos capitalinos que militaban en primera división. Pero fiel a sus afectos más cercanos, a su familia, a su barrio, a su club, a su ciudad, desestimó las propuestas y eligió trascender y crecer como hombre y futbolista en Mar del Plata.

 

Daniel Alberto Passarella fue su modelo, su ídolo, su espejo a imitar en una cancha. En tanto, destaca a Juan Domingo Loyola como el mejor jugador que vio en la ciudad. “Mingo era un fenómeno, jugaba, hacia jugar, hacia goles, nunca sabias en qué lugar del campo lo ibas a encontrar”.

 

Algunos años después del retiro comenzó su trayectoria como entrenador. Fue ayudante de campo de Mario Benavidez en Quilmes, institución donde ya se destacaban en el futbol infantil sus tres hijos, Nicolás, Ariel y Joel. Fue campeón en 2002 con el Tricolor, a quien volvió a dirigir en 2011. También, posteriormente, por escaso tiempo, fue director técnico de San Lorenzo.

 

Esta crónica desea reconocer la figura y la noble trayectoria deportiva del flaco Hugo Carli, un futbolista que marcó a fuego el corazón de los hinchas de General Mitre en los años 70´y 80´. Orgulloso marido de Cristina, orgulloso papá de Joel,  capitán del Botafogo en Brasil, de Ariel, excelso defensor del futbol marplatense que hoy hace historia como preparador físico e integrante del cuerpo técnico de Alexis Mateo en un encumbrado Circulo Deportivo de Nicanor Otamendi. 

Esta columna tan solo intenta describir las bondades de un tipo derecho, pasional, poseedor de una conducta inquebrantable, un buen vecino, un jugador que aún a los 66 años de edad despunta el vicio por la pelota los martes y los jueves en conmovedores picaditos entre amigos en Parque Camet. Un bravío zaguero central que siempre llevó la voz de mando, un cabeceador que ganaba siempre de arriba, un tiempista que leía el juego para anticiparse con sabiduría a las maliciosas intenciones ofensivas del rival.      

 

Cierta vez Alejandro Dolina escribió que el Garrafa José Luis Sánchez era el 10 que él y sus hijos habían elegido para querer. Yo, reitero, a Hugo Carli, lo vi, pero no lo vi jugar. Años después lo descubrí como entrenador de un gran equipo, un Quilmes que en 2002 deleitaba por la virtuosidad de su  juego en ataque  y por su solvencia defensiva. Allí, además, conocí a un ser humano excepcional y supe de sus historias ajenas a la pelota.

 

Por eso me animo a escribir que Hugo Carli es el defensor que yo elegí  para querer. Un hombre que afronta la vida con la hidalguía de un noble quijote, un padre que enfrenta temerarios molinos de viento que le magullan  el corazón cada vez que llega el recuerdo de la trágica muerte de su hijo Nicolás en 2012. 

 

Aquel eximio futbolista que supo ganarse el  respeto de propios y extraños jugando a corazón abierto, hoy transita la vida cabeza en alto, pelota al pie, abrazado a sus afectos más cercanos, rodeado del amor de sus nietos.

 

Un quijote que aprendió que a veces, tanto dentro o fuera de un campo de juego, hay que pegarle de punta y para arriba, con rabia, con furia, bien lejos, por encima de las tribunas, porque no siempre se puede jugar bonito. Cuando nos cascotean el área hay que hacerse fuerte y resistir, sabedores que en la próxima jugada intentaremos salir jugando prolijamente, con parsimonia, cabeza levantada, pelota al pie…

 

Mario Giannotti

 

Comentarios de los lectores

  1. daniel sirochinsky dice:

    que linda nota….cuantos lindos…gratos. hermosos y enormes recuerdos..Un abrazo para Hugo ..su familia..y si bien la nota no es de Seba..Me saco el sobrero con el tambien…creci. con Mitre y toda su gente…abrazos Daniel Sirochinsky

  2. Lipi Zazzeri dice:

    Muy buena nota. A estas personas le quedan chicos los elogios. Gran persona Hugo. Muy afectivo conmigo en las ocasiones que nos cruzamos en alguna cancha o en alguna de sus largas caminatas por las playas del sur. Son esos tipos que le hacen falta al futbol por su pasion por el juego, por su honestidad, por su frontalidad. Repito…cualquier elogio le queda chico, y no por su tamaño.

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