Humildes reflectores quilmeños desparramaron su oro sobre un puñado de “estrellas”

Humildes reflectores quilmeños desparramaron su oro sobre un puñado de “estrellas”

La mítica noche del viernes 8 de marzo de 1957, en el añorado coloso de Colón y Marconi, un combinado marplatense enfrentó a River Plate de AFA en el marco de un partido amistoso que significó la inauguración del sistema lumínico del estadio Tricolor.

viernes, 22 de marzo de 2019

Los más viejos hinchunes del fútbol local aún narran emotivas historias que enaltecen el espíritu visionario de un admirable grupo de dirigentes marplatenses. Incansables soñadores, prósperos  militantes barriales que trabajaron con un envidiable sentido de pertenecía en pos del crecimiento de sus amados clubes. 

Fue así que el Doctor Aimone Romanin, presidente del Club Quilmes en los años 50, logró convencer a sus pares de comisión directiva y pudo hacer realidad la iluminación de la cancha de fútbol  ubicada en Colón y Marconi. Vale recordar que los quilmeños accedieron a dichos terrenos tras un  pedido expreso del Comisionado Municipal Doctor Francisco Rodríguez Etcheto, quien el 14 de mayo de 1941 intimó al cervecero  a ceder los terrenos de su estadio, delimitado por las calles XX de Setiembre, Chacabuco, 14 de julio y avenida Uriburu, hoy Libertad, para establecer allí una plaza pública.

En consecuencia Quilmes hizo uso de una ordenanza  del año 1937 que lo habilitaba a mudarse al espacio comprendido por las calles Avenida Colón, Moreno, Marconi y Uruguay y allí construir su nuevo escenario deportivo.

El viernes 8 de marzo 1957 se convirtió finalmente en un mojón histórico para la vida de  las distintas canchas de la ciudad. Por primera vez los marplatenses asistían a un cotejo que se disputó de noche bajo la “descollante y efectivista visión” que emanaban los novatos reflectores lumínicos sobre los futbolistas que protagonizaban el partido. 


 Vieja cancha del Club Quilmes de Colón y Marconi

Minutos previos al pleito, el Doctor  Aimone Romanín junto al  inefable José Piantoni, titular de la Comisión de fútbol, le entregaron en nombre de la entidad anfitriona, una medalla recordatoria al Feo  Ángel Labruna  por sus 25 años de trayectoria profesional. El histórico goleador millonario agradeció el gesto al señalar ante los escasos medios que realizaban la cobertura del partido que “esta demostración de afecto de la gente de Mar del Plata me emocionó, sobre todo porque es  una ciudad donde  siempre somos muy bien recibidos”.

A las 22:00 River saltó al campo de juego del Coloso tricolor con Amadeo Carrizo, Alfredo Pérez y Raúl Hernández, Giaimo, Ramacciotti y O. Rossi; Russo, Sánchez, “Beto” Menéndez, Labruna y Zárate. En tanto el selectivo marplatense formó con  Federico Canovil, Horacio Cacho Pirosanto y Oscar González; Héctor Punto, Abel Alberto Pacheco y José Luis Carruthers; Jorge Pereyra, Juan Marcelino Cornejo, Cándido González, Alberto “Piraña” García y Julio St. Esteben. Luego, en la segunda parte  ingresaron en el local Jorge García por Canovil, José Aguirre por St. Esteben y Alfredo Borgnia por “Piraña” García. En la visita, Urriolabeitia por Ramacciotti, Sola por O. Rossi, Vairo por Sánchez y Félix Loustau por Zárate.

Los 184.800 pesos de recaudación resultaron un auténtico record  de venta de entradas para la época. Los organizadores dispusieron, además, 400 sillas dentro del campo de juego, ubicación cuyo costo era de 50 pesos. La general se vendía a 12 pesos y las plateas a 17 pesos.
 

El controvertido y muy pintoresco Aurelio Príncipi fue el árbitro del juego, un juego que según narran los espectadores que asistieron al amistoso, se transformó en un  emocionante espectáculo tanto dentro como  fuera de la cancha.

El promocionado choque futbolístico  se mostró en los primeros minutos parejo y equilibrado. Promediando la etapa inicial comenzó a aflorar la superioridad de River, último campeón del torneo de primera división en la Argentina. A los 8´ primer gol visitante. Menéndez cedió para Zarate quien remató bajo y esquinado venciendo la resistencia de Canovil.  El Quilmes reforzado marcó la igualdad luego de una memorable pared entre Cornejo y Cándido González, autor del empate transitorio.

Al minuto Zarate remató a la portería, Canovil dio rebote y Russo estableció el 2 a 1. A los 35´el Beto Menéndez en gran maniobra personal eludió a varios futbolistas marplatenses  y puso el duelo 3 a 1.

A los 2 minutos del segundo tiempo Urriolabeitia de tiro libre estableció el 4 a 1 y finalmente Cándido González a los 22´, tras centro rasante de Carruthers, superó la estéril volada del gran Amadeo Carrizo para sellar el 4 a 2 definitivo en favor de los riverplatenses.

Como dice el Maestro Alejandro Apo, “yo ese partido no lo vi, pero lo vi”. A la distancia voces cercanas a la gran historia del fútbol local me describieron con pasión los ecos de aquella inolvidable jornada. Mítico viernes 8 de marzo de 1957, cuando el coloso quilmeño de Colón y Marconi iluminó por primera vez su verde gramilla para que las estrellas de un magnánimo River Plate desplegaran su magia bajo la atenta mirada de cientos de simpatizantes marplatenses. Una multitud  embelesada por el brillo que irradiaban aquellos ídolos de los años 50´, propios y ajenos, ídolos que se multiplicaban en la admiración tribunera  cuando los humildes faros tricolores posaban sus rayos de oro sobre las humanidades de sus  héroes, gigantescos gladiadores  vestidos con sus camisetas predilectas. 


Mario Giannotti


Comentarios de los lectores

  1. Eduardo Roanin dice:

    Muy bueno y cierto Mario.Yo estuve allí.Noche quilmeños.Felicitaciones.!!!

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