Mujeres y futboleras: un paisaje pletórico de belleza

Mujeres y futboleras: un paisaje pletórico de belleza

En los años 70’, en mi infancia, los picados, los potreros y las travesuras eran cuestiones propias de los varones. Digo bien, eran, porque una tarde calurosa de noviembre ocurrió lo impensado, lo inédito, un hecho que modificó radicalmente la filosofía machista de los jugadores del barrio.

jueves, 1 de noviembre de 2018

  Dedicado a todas las chicas que juegan al fútbol

En los años 70’, en mi infancia, los picados, los potreros y las travesuras eran cuestiones propias de los varones. Digo bien, eran, porque una tarde calurosa de noviembre ocurrió lo impensado, lo inédito, un hecho que modificó radicalmente la filosofía machista de los jugadores del barrio.

Señores, insisto, el potrero era una especie de templo sagrado, un reducto obligado, un espacio único, una cajita de sueños a la que le brotaban arcos. Todos estaban invitados a la fiesta, allí no existían limitaciones reglamentarias. Un par de championes viejos, o en su defecto los Sacachispas, una remera estirada y un buzo cortado a la altura de las rodillas eran más que suficiente.

Los muchachos jugábamos allí nuestro prestigio personal en cada entrevero. Una tarde inspirada con la globa provocaba el reconocimiento de los pares, los aplausos de los que siguen el partido detrás de uno de los dos arcos, y por supuesto, la invitación para el próximo enfrentamiento.

Los picados, el potrero y las travesuras eran cuestiones propias de los varones. Nuestras hermanas y las hermanas de los atorrantes pasaban sus días vendiendo baratijas, sirviendo café en abominables tacitas de plástico color rojo y maltratando muñecas que se negaban a dormir. Algunas se ocupaban del difícil arte de enseñar, entonces, improvisaban un grito docente ante un pizarrón destartalado o en su defecto impartían autoritarias penitencias a sus víctimas de ocasión, léase, amiguitas de la cuadra, tíos que llegaban de visita, primos o hermanos.

Insisto, los picados, los potreros y las travesuras eran cuestiones propias de los varones. Digo bien, eran, porque una tarde calurosa de noviembre ocurrió lo impensado, lo inédito, un hecho que modificó radicalmente la filosofía machista de los jugadores del barrio.

Estábamos en el peloteo previo, un loco entre varios, dos o tres jueguitos con el esférico y después el tiro colocado para poner a tono a nuestro arquero. El Araña al arco, cuatro para defender, tres en el medio y dos delanteros. Solo diez protagonistas prestos para el pleito. Ellos, en tanto, tenían once jugadores y se negaban sistemáticamente a dejar a uno en el banco. ¡Viejo al fuchi se juega de once! ¡Lola, a llorar a los cementerios!, – boqueó el Cabezón Poy.

La hermana del Manubrio Lavolpe miraba el pleito y suspiraba de amor por el Pantufla, un carilindo que jugaba en la cueva, limitado, pero expeditivo cuando nos cascoteaban el rancho.

Promediando los quince minutos, el Pantufla saltó a cabecear con dos tipos en la mitad de la cancha. El carilindo del barrio se desplomó tras el despeje. El codazo del Rulemán Brancatti le había bajado dos dientes.

Ellos dominaban el cotejo y nosotros debíamos afrontar el resto con dos menos. El Pantufla no pudo volver a la cancha. La hermana del Manubrio estalló de odio y entonces ocurrió lo impensado, lo inédito…

La piba se plantó en la zaga, pegó cuatro gritos y reorganizó el planteo táctico. Nosotros no lo podíamos creer, la mirábamos y no lo podíamos creer. Los muchachos de la otra cuadra sobraron la situación. ¡Che, maricas, ahora juegan con una mina! ¡Si quieren después hacemos la revancha a las muñecas!, – volvió a boquear el Cabezón Poy.

La hermana del Manubrio jugaba y hacía jugar, era un fenómeno. Conocía a la perfección el trabajo de un líbero. Bien en los cruces, mejor en la marca y excepcional con la globa en los pies. Juro que era el Tata Brown, Franco Baresi, el Mariscal Perfumo.

Finalmente alcanzamos un empate agónico. En pleno festejo el Cabezón Poy no pudo con su genio, se acercó a la piba y no sé qué le dijo. La cuestión que la flaca le acomodó un derechazo de manual y lo mandó contra una pila de escombros.

En el regreso al barrio, el Pantufla le regaló un puñado de caramelos de menta, ella lo besó en la mejilla y con una sonrisa le agradeció el gesto. La barra se adelantó y los dejó solos. La pareja se perdió en una calle olvidada. A la distancia se adivinaban algunos arrumacos.

El fútbol machista de los picaditos de barrio todavía discute y cuestiona la presencia femenina en los potreros. Aunque bien vale destacar que la hermana del Manubrio jugó muy pocos partidos. Los atorrantes boicotearon cruelmente su actuación. Los conservadores se niegan automáticamente y refutan este nuevo paradigma que involucra a las mujeres en un deporte de varones.

Otros, en tanto, tenemos nuestros reparos. No quiero ser hipócrita, no es fácil aceptarlo, pero ante ejemplos tan contundentes, uno abre el crédito. Caballeros, tenemos que aceptar que ciertas damas viven el fútbol apasionadamente, conocen sus historias, saben de sus protagonistas, y a veces nos tiran un caño en la puerta de su propia área para salir jugando cabeza levantada.

Sin lugar a dudas ha llegado el tiempo en que los conservadores elijan en primer turno, en la pisadita, a la hermana del Manubrio, o quizás, la pisadita la realicen las mujeres y nosotros, atorrantes al fin, esperemos boquiabiertos al borde de la línea de cal.

Mario Giannotti

Comentarios de los lectores

  1. Eduardo Luenzo dice:

    Buenísimo y como siempre por esto y mucho más el “glorioso “San Lorenzo fue ,es y será parte de la historia,el futbol grande empezó con nosotros!!!!

  2. sergio fraticelli dice:

    inolvidables tardes con de la B …”pareció moverse el estadio” el negro Giacomelli …que era de joven la voz que anunciaba la llegada y la salida de las formaciones del FFCC Roca en la Estacion de MdP

  3. Raul dice:

    Hay personajes como Soriano que tienen el talento de expresar lo que todos pensamos y ponerlo arriba de la mesa para que sea parte de la vida. Es por ello que lo extrañamos tanto, principalmente los futboleros eternos, los que vamos a morir con la redonda siempre cerca. Gracias Mario por traer estas perlas de placer

  4. Carlos Vera dice:

    Con un gracias, admirador de sus prosas y relatos del pasado, presente y futuro del fútbol . Pocos tienen en su pluma el talento de Mario Giannotti!.

  5. GUSTAVO dice:

    Recuerdo este partido, era chico y esperabamos que de 3 jugara el gorrion LOPEZ pero no jugo y no sabiamos quien era el 3 que estaba en la cancha y esa noche pegado al alambrado de la “VARELA” la ROMPIO.. y el resto es historia..

  6. Diego Puma Rodríguez dice:

    Que hermosa historia! Un gran recuerdo de una época romántica y dorada de nuestro futbol. Gracias Mario por revivirlo. Un abrazo.

  7. Juan Manuel Biocca Sanjurjo dice:

    Qué hermosa historia , qué grande mí abuelo . Esa foto con la copa jamás la vi , es increíble , la pasión por el fútbol a lo que puedo llevar . Grande tío !

  8. Mirta Monge dice:

    Marisa, Marcelo ,Juanma, que bello e inolvidable recuerdo, es emocionante! !!!

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  11. Hugo dice:

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