Tolerancia Cero: “El fetiche punitivo”

Tolerancia Cero: “El fetiche punitivo”

Lo que está detrás de esta norma irracional, por ineficaz para el objetivo que se procura, es que el Sr. Intendente adora el concepto de una sociedad creada a imagen y semejanza de la Tolerancia Cero

lunes, 22 de octubre de 2018

La sociedad argentina a lo largo de las últimas décadas ha procedido a internalizar algunas conductas que fueran oportunamente naturalizadas como practicas claramente negativas para la convivencia social y la integridad física de las personas, el fumar en lugares cerrados, el uso del cinturón de seguridad y la que hoy nos atañe, como es el beber bebidas alcohólicas al conducir, son conductas negativizadas y de un fuerte disvalor social.

 

En el caso particular, se impone la necesidad de implementar todo lo que esté a nuestro alcance para evitar la realización de siniestros viales que terminan con graves lesiones y/o la vida de nuestros seres queridos. Es así, que la ley nacional establece el cumplimiento de ese objetivo, con un parámetro considerado razonable, a través de establecer un límite permitido del 0,5% de alcohol en sangre. Es a partir de esa graduación alcohólica, que se considera comienzan a afectarse los reflejos del conductor.

 

Y es aquí, donde nos centramos en el eje de la cuestión.

 

No es una razón moralista la que está en debate. Es decir, no sancionamos a quien toma alcohol por estar en contra de esa práctica cultural por motivos religiosos o filosóficos, lo hacemos porque la afectación que el mismo produce a sus sentidos pone en riesgo su integridad física y la de terceros.

 

La ley no dice “si Ud. fumo no conduzca”, no es, “si Ud. no tiene una vida sana no conduzca”. Sancionamos el alcohol en sangre porque sus efectos sobre la lucidez y capacidad de reacción del conductor tienen efectos letales.

 

Y es por ello, que no da lo mismo hablar del 0,2% o del 1,5% de alcohol en sangre. No da lo mismo, porque la afectación no es la misma.

 

Es claramente irrazonable sancionar a una persona porque tenga 0,2 grados de alcohol, cuando lo pudo obtener comiendo una ensalada con vinagre, porque la afectación a sus sentidos no está probada científicamente (ver debates parlamentarios en la sanción a la ley 24.449) y renglón seguido, decir que con eso vamos a evitar accidente de tránsito por alcoholemia que en definitiva es el objetivo que perseguimos todos.

 

Las normas que establecen prohibiciones, tienen que ser razonables para que la sociedad las cumpla más allá de que puedan ser castigados o no. La sanción no es la única vía por la cual las personas respetamos las normas, las normas se cumplen por pautas morales de las cuales todos somos parte, pero cuando la norma se convierte en irrazonable como en este caso, se aleja mucho de que sea eficaz como una medida para evitar accidentes de tránsito.

 

Así, acciones como esta dan a entender que da lo mismo tomarse una cerveza de un litro o media copa. Cuando todo da lo mismo corremos el riesgo de que la norma sea ineficaz y que no sea abrazado su cumplimiento.

 

El prohibicionismo del consumo de alcohol en el mundo, y el ejemplo de la ley seca en EE.UU es un fiel reflejo de ello, ha demostrado cabalmente su ineficacia.

 

Refuerzo nuestro argumento, escuchando las entrevistas dadas por el responsable de Transporte y Transito de la Municipalidad de General Pueyrredon, todos los ejemplos dados para justificar la norma superaban el 2% de alcohol en sangre, que es el verdadero problema a combatir.

 

La gestión en vez de usar frases rimbombantes y un exceso del lenguaje punitivista, debería profundizar los controles, hacer la ley pareja para todos y fortalecer campañas de difusión para el verdadero problema que tenemos como sociedad, que no es la persona que comparte una cena y vuelve a su casa habiendo consumido una copa en la comida, sino el real problema que nos aqueja, como bien sostuvo el responsable del área, que son los casos que superan la norma nacional y que producen graves siniestro viales.

 

El debate no es menor, las posiciones autoritarias a lo largo de la historia de la humanidad han fomentado los prohibicionismos irrazonables como forma de regulación social, y en ningún caso esas prácticas han solucionado los problemas que venían a resolver.

 

Lo que realmente está detrás de esta norma irracional, por ineficaz para el objetivo que se procura, es que el Sr. Intendente Municipal adora el concepto de una sociedad creada a imagen y semejanza de la Tolerancia Cero, el fetiche punitivo como garante y normativizador social sobrevuela la ciudad en muchos aspectos, y esta norma no se aparta de ello.

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